Ya realicé la entrega de las lecturas en mano el día 13 de noviembre, de todas formas, las copio aquí para mayor comodidad:
Lecturas:
Gino Longo: “Características del conocimiento científico”, en Manual de Economía Política. Roberto Carballo: Nota crítica a la lectura.
Manuel Sacristán: “Qué es una concepción del mundo”, en F. Engels: Antidüring.
Lectura número 1
El texto nos habla de la definición de Ciencia entendida desde diferentes ámbitos y escuelas.
La definición de Schumpeter nos dice: es ciencia cualquier tipo de conocimiento que haya sido objeto de esfuerzos conscientes para perfeccionarlo. Estos esfuerzos producen hábitos mentales y un dominio de los hechos descubiertos por estas técnicas”. Esta es quizás una definición muy vaga o, como dice el texto, superficial. Toda definición tiene que intentar explicar cual es la finalidad de dicho concepto, si la tiene. La finalidad del conocimiento, y por tanto, de la investigación científica, consiste en concretar y fijar las leyes del universo empírico que rodea al hombre. A partir de aquí, el conocimiento tiene que constar de tres aspectos para comprobar su validez:
El conocimiento científico tiene que proporcionar una descripción de esta realidad. Pero no puede limitarse a describirla, tiene además que explicarla. La ciencia no puede limitarse a configurar un mosaico de aspectos y propiedades dispares, sino que tiene que poder interrelacionar estos mismos y de modo global poder explicarlos.
El conocimiento científico no puede conformarse con una explicación cualquiera de la realidad (lo veremos más intensamente en el siguiente texto). Es fundamental que la realidad sea explicada a partir de ella misma, sin introducir momentos, elementos o explicaciones que no pertenezcan a la realidad, que le sean extraños.
La Ciencia, más que explicar el mundo, debe comprenderlo. Es por esto que la evolución de los paradigmas para explicarse el mundo ha sido tan dispar: En un principio atribuyéndolo a los fenómenos, causas y relaciones fantásticas, para pasar más tarde a hipotetizar causas y relaciones reales; y llegar por último a conocer las relaciones que se establecen objetivamente entre los fenómenos de la realidad. Estos han sido, en resumen, los ojos de la humanidad.
Pero será el marxismo, un materialismo filosófico coherente y llevado hasta sus últimas consecuencias lógicas, el que constituye la primera concepción del mundo basada total y exclusivamente en la Ciencia.
La praxis requiere una buena cognición de la realidad para llevarse a cabo. En base a ello podemos describir esquemáticamente la relación entre Ciencia y praxis de la forma siguiente:
Actividad cognoscitiva -> cognición e interpretación de la realidad -> praxis destinada a modificar tal realidad.
Es importante destacar el carácter individual que tiene la investigación y no así la praxis. Esto es así porque la praxis, para que tenga éxito, ha de ser una acción colectiva coordinada entre más de un individuo, pero la investigación tiene carácter individual a no poderse coordinar el pensamiento de los hombres. (Afirmaciones bastante cuestionables desde el punto de vista práctico, se puede investigar en equipo mediante los diversos medios de comunicación de los que disponemos). Es importante también la diferencia existente entre “los hombres de Ciencia” y “los hombres de acción”. El hombre de ciencia no debe preocuparse por las aplicaciones de sus descubrimientos y además, no debe permitir que los prácticos obstaculicen o le direccionen su investigación. El hombre de Ciencia no podrá, a cambio, decirles a los hombres de acción lo que deberían hacer, sino unicamente lo que deberían tratar de hacer (Afirmaciones de nuevo cuestionables, ya que nadie priva al científico de poder ser un hombre de acción y viceversa. Es una cuestión basada en tópicos).
El texto termina con una interesante afirmación de A. Einstein: “Es evidente que ningún camino puede llevarnos desde el conocimiento de lo que es al conocimiento de lo que debería ser”. Los conocimientos científicos no se pueden modificar, aunque su estudio nos permita parchear y solucionar problemas a través de la técnica. El hombre no utiliza el conocimiento como un fin en sí mismo, sino que desea conocer el mundo para poderlo modificar de acuerdo con sus exigencias y necesidades.
Lectura número 3
Manuel Sacristán nos habla del pensamiento de Engels en uno de sus libros. Tratando temas de corte antropológico-filosófico explica las características más peculiares de la definición de Ciencia y sus propias aplicaciones, creando así una concepción del mundo en el que vivimos. La segunda parte del texto es la concepción marxista del mundo, que viene a plantear los motivos y el método que utiliza esta corriente para resolver la cuestión.
Hay tantas concepciones del mundo como personas, pero no todas tienen porque ser radicalmente distintas. Suelen determinarse y agruparse según culturas, costumbres, creencias, etc. Un católico occidental tiene muchas diferencias con un musulmán iraní, y la concepción del mundo es sin duda una de ellas.
El origen del debate surgió desde el principio de los tiempos, donde los hombres primitivos pintaban en las paredes la realidad que veían y enterraban a sus difuntos con ceremonias espirituales. En la filosofía clásica podemos encontrar muchas fuentes acerca de la concepción del mundo, de hecho, estas teorías han marcado nuestra historia influyendo en el pensamiento a lo largo de los tiempos. Tal y como indica el texto, las ciencias positivas fueron arrebatando terreno a la filosofía mediante la racionalidad probada, es decir, el método experimental. Un nuevo paradigma se estableció en la evolución de, primero occidente, y después la humanidad en general. En el siglo XIX todavía la filosofía resistía a la ciencia en cuestiones “supuestamente superiores a la misma” (Platón o Hegel, por ejemplo), entrando en el campo existencial o religioso.
La ciencia plantea el “conocimiento intersubjetivo” que posibilita que personas distintas y preparadas entiendan una formulación de la misma manera. Las religiones y la filosofía sistemática carecen de estos rasgos que dotan al hombre de seguridad y fuerza, por lo que poco a poco estas van siendo relegadas.
La ciencia se asienta así como el orgullo del ser humano. Por sus propios medios el hombre experimenta y concreta “leyes” que son objetivas en el mundo que le rodea. No se dejan huecos a la improvisación, todo se tiene que, primero explicar y después demostrar para ser válido (si no se quedará en una teoría). Es, por tanto, la principal influencia en la concepción actual del mundo occidental.
La concepción marxista del mundo se da a partir de dos conceptos: el materialismo y la dialéctica en términos marxistas. La motivación de que el punto de partida de la ciencia real sea intentar explicar la ciencia misma, es lo que, en lenguaje filosófico clásico puede llamarse inmanetismo: el principio de que la explicación de los fenómenos debe buscarse en otros fenómenos, en el mundo, y no en instancias ajenas o superiores al mundo. Este concepto es la base antes mencionada de la ciencia. No se pueden admitir causas no-naturales para explicar un fenómeno. Este concepto, inmanetismo, es la base de la concepción marxista del mundo: el mundo debe explicarse por sí mismo.
Las ciencias positivas se basan en ir descomponiendo procesos realmente complicados para explicar paso por paso cada fragmento, más simple, para finalmente, entender el conjunto complejo. Pero esto en algunos casos provoca que se prescinda de la peculiaridad cualitativa de los fenómenos complejos analizados y reducidos. El campo de relevancia del pensamiento dialéctico es precisamente el de las totalidades concretas: “La verdad es el todo” Hegel. Y es que la ciencia positiva a veces no puede tratar de entender las concreciones reales, el todo. La formula dialéctica consiste recuperar lo concreto sin hacer intervenir más datos que los materialistas del análisis reductivo. Y este es el análisis dialéctico, busca la comprensión de las concreciones o totalidades, no el análisis reductivo de las ciencias positivas.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
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